jueves, 29 de septiembre de 2011

¿QUÉ QUIERE DECIR PENSAR?

Según MARTÍN HEIDEGGER: Desde dónde se piensa? ¿Para qué se piensa? ¿Qué es aquello que es pensado? ¿De dónde procede el pensamiento? ¿Cuál es la imagen del pensamiento?, ¿Tiene algún sentido para nuestro tiempo preguntar por el significado del pensar? ¿Es nuestro interés fundamental hallar el significado del pensar en general? ¿No sería más “útil” para nuestro tiempo (de investigación, de afección, de creación) preguntarnos por el significado de pensar el habitar? ¿Pensar la guerra y pensar para la guerra? ¿Pensar el desplazamiento y desplazar el pensamiento? ¿Pensar el ambiente y ambientar el pensamiento? ¿Es nuestro pretexto un modo de ECO-PENSAR? ¿Para qué entonces MARTÍN HEIDEGGER? Para eso mismo, para PENSAR en un TIEMPO QUE DA QUÉ PENSAR. Así pues la pregunta queda dislocada y nos abre a múltiples trayectos, distintas divisas lejanas y próximas, que terminan por colocarnos de frente al PENSAR.
Sin embargo,. Empezaremos afirmando, quizás sentenciando, que PENSAR ES CREAR. ¿Es ello motivo de disputa con Heidegger? No sabemos aún qué significa pensar, pero es preciso atreverse, aventurarse, en acometida común, en alianza minoritaria, a dibujar la imagen del pensamiento. La imagen del pensamiento es el rizoma, procede, actúa, se manifiesta, por variación, expansión, conquista, rapto, seducción y perversión. Pensamos porque somos provocados a PENSAR. Algo nos tienta, nos incita, quizás un tiempo que da qué pensar, quizás un instante, un devenir animal, un cercenamiento, algún extraño comportamiento nos invita a PENSAR. Una intensidad, algo que nos recorre por el cuerpo, una potencia, un devenir, una fuga. No pensamos cuando somos programados a PENSAR. Al momento de ser programados en una “analítica del pensar”, el PENSAR mismo se ausenta y nos da la espalda, se niega a nosotros.
El hombre puede pensar en tanto en cuanto tiene la posibilidad de ello. Ahora bien, esta posibilidad aún no nos garantiza que seamos capaces de tal cosa. Porque ser capaz de algo significa: admitir algo cabe nosotros según su esencia y estar cobijando de un modo insistente esta admisión. Pero nosotros únicamente somos capaces de aquello que nos gusta, de aquello a lo que estamos afectos en tanto que lo dejamos venir. En realidad nos gusta sólo aquello que de antemano, desde sí mismo, nos desea, y nos desea a nosotros en nuestra esencia en tanto que se inclina a ésta. Por esta inclinación, nuestra esencia está interpelada. La inclinación es exhortación. La exhortación nos interpela dirigiéndose a nuestra esencia, nos llama a salir a nuestra esencia y de este modo nos tiene (aguanta) en ésta. Tener (aguantar) significa propiamente cobijar. Pero lo que nos tiene en la esencia, nos tiene sólo mientras nosotros, desde nosotros, mantenemos (guardamos) por nuestra parte lo que nos tiene. Lo mantenemos si no lo dejamos salir de la memoria. La memoria es la coligación del pensar. ¿En vistas a qué? A aquello que nos tiene en la esencia en tanto que, al mismo tiempo, cabe nosotros, es tomado en consideración. ¿Hasta qué punto lo que nos tiene debe ser tomado en consideración? En la medida en que desde el origen es lo que hay que tomar en consideración. Si es tomado en consideración, entonces se le dispensa conmemoración. Salimos a su encuentro llevándole la conmemoración, porque, como exhortación de nuestra esencia, nos gusta.
Para poder llegar a este pensar, tenemos, por nuestra parte, que aprender el pensar. ¿Qué es aprender? El hombre aprende en la medida en que su hacer y dejar de hacer los hace corresponder con aquello que, en cada momento, le es exhortado en lo esencial. A pensar aprendemos cuando atendemos a aquello que da que pensar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario